Cuando empecé a interesarme por la Física descubrí que muchos experimentos de físicos "antiguos" se hacían con láminas de oro, como el famosísimo experimento de Rutherford, que puso en evidencia al anterior modelo atómico, el modelo de Thomson. El experimento era tal que así:
Básicamente lanzaba partículas muy muy pequeñas contra una lámina de oro muy muy fina, y algunas pasaban y otras rebotaban, dando lugar al modelo de Rutherford, en el que se diferencia de manera evidencial y por primera vez un núcleo y una corteza. El modelo era tan exacto (a un nivel muy "básico" de la física) que es el que se sigue enseñando en los colegios hoy día.
Recuerdo que cuando me lo explicaron a mí pregunté que por qué se usaba oro pudiendo usar plomo (que es atómicamente más denso), y me dijeron que por qué no...
Pues varios años después por fin he encontrado la respuesta. ¿Por belleza? No. ¿Por avaricia? No. La respuesta es mucho más sencilla. Imaginaos que sois un físico del S. XIX o principios del XX y necesitáis una lámina muy fina para un experimento, ¿de dónde la sacáis? Un buen primer paso es decantarse por un metal, ya que su estructura de enlace metálico favorece la obtención de láminas (propiedad conocida como maleabilidad). Y aquí llega la respuesta, en esos tiempos no había una industria del metal como la de ahora, ¡y los únicos que trabajaban el metal con maestría eran los orfebres! Claro está, los orfebres sólo sabían trabajar con oro y plata básicamente, y entre esos dos el oro permitía láminas más finas.
¿Os lo habíais planteado alguna vez? Pues ya conocéis la respuesta, ¡y no olvidéis comentar!
